Ninaruna

Aquel día salí muy temprano, tenía un examen y quería repasar unos apuntes en la biblioteca de la universidad.

Cuando llegue al paradero del autobús, vi a lo lejos algo muy extraño. La figura brillante de un hombre, que venia corriendo entre la gente que esperaba el transporte público.

Me extrañe por que aquel individuo brillaba como si estuviera cubierto de fuego. A mi mente vino el recuerdo de los accidentes con fuego que habían sucedido recientemente.

Ya mas cerca pude verlo con detenimiento, de su cuerpo salían llamas, y estaba caminando entre la gente, miraba a todos lados. Me quede mudo, trate de mirar a la persona que estaba sentada a mi lado, intentando notar si veía lo mismo que yo. Me di cuenta que no era asi.

Aquella cosa caminaba como escapándose de un incendio, y nadie lo podía ver. El terror se apodero de mi, cuando vi que subía a mi transporte. De pie en el corredor del bus, el fuego parecía brotar de su piel, pero no se quemaba, miro a todos lados como buscando a alguien en especial. Sus ojos estaban al rojo vivo.

Me sentí morir, pensé incluso en saltar por la ventana. Pero de manera inexplicable salió atravesando a la gente y a la carrocería. Volví a respirar, mientras vi que se alejaba a toda velocidad, desapareciendo entre las casas cercanas.

Las consecuencias:

Desde aquel momento no pude conciliar el sueño.

No podía concentrarme en mis estudios.

Veía todas las cosas como que brillaban mas de lo normal, asi que opte por estar en mi cuarto a oscuras.

Se me fue el apetito.

Debido a mi anorexia repentina, a la semana mis padres me llevaron al policlínico. Después de la consulta, mi diagnostico no tenia nada que ver con la medicina, el doctor tan solo nos dijo “SUSTO”.

Como si de un susto alguien podría morirse: ¿Pueden creerlo?

Pero si, yo me estaba muriendo. A las tres semanas del evento, ya no tenia fuerzas ni para ir al baño. El susto me estaba matando.

La solución:

Una amiga, de la amiga de mi madre, le recomendó un curandero de su tierra, de esos que se hacían llamar “Sanadores” (por que también hay “Maleros”).

Sin mas opción llegamos a la casa del curandero -ubicada en la cumbre de un cerro en San Juan de Lurigancho- me llevaron en silla de ruedas, entramos a la sala de la casa del fulano, y vi que no era el único. Había mas gente esperando, pero por alguna razón fui atendido de inmediato.

El diagnostico:

En el cuarto donde estaba el “Maestro” no había nada mas que dos sillas y una mesita de madera. De pronto entro el maestro, un paisano de unos cuarenta años, me miro, y me paso de inmediato un huevo, rezando incompresibles oraciones, invocando a santos y espíritus, de los que no recuerdo sus nombres.

Estaba tan mal que el pensar me dolía. El maestro salió por un momento, y al rato regreso con un vaso de agua, en su interior había colocado el huevo reventado, lo miro y dio su diagnostico: ¡Un Ninaruna!.

No hablo quechua le dije, y le pregunte entonces que significaba.

¡Hombre de fuego, es un demonio! Aquello me asombro, pues a nadie le había contado acerca de lo que vi aquel día. Mi cara de sorpresa le confirmo al maestro, lo que había encontrado en aquel pollo no nato.

Si, si. Le respondí, con la esperanza que me ayude. Pero el maestro me explico que aquello, no tenia cura. <Escuchar eso me tumbo>.

¿Y que hacemos? Le pregunte, realmente decepcionado.

Me dio un amuleto y me dijo que lo esconda entre mi ropa. Luego me explico que lo del Ninaruna era un mal augurio, un muy mal augurio; algo muy malo esta por suceder. Tú solo debes cuidarte.

Eso fue lo único que el maestro me dijo.

A los días mejoro mi salud. Me entere que el curandero había desaparecido. Y que el gobierno decretaba cuarentena general, una pandemia asesina se había desatado en todo el mundo.

Publicado por Mundo Fantástico

Narrativa, Cuentos, Literatura Juvenil.

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